París: el sueño creativo de Brassaï

20 de abril, 2019 - Miguel Ángel Muñoz - Comentar -

El  fotógrafo enamorado de París, llega a México, y su espacio expositivo es el Museo del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. La extensa exposición Brassaï: El Ojo de París curada por Peter Galassi, antiguo conservador y jefe del Departamento de Fotografía del Museum of Modern Art de Nueva York (MoMA), está dividida en 12 temas que destacan aspectos de la vida parisina tanto en el día como en la noche, así como el desarrollo de temas que varían desde retratos del cuerpo de la mujer —que estaban de moda en los años 30—, grafitis, la simetría de las calles, el sueño de los parisinos en los parques y plazas, los vicios de los bares, objetos surreales y retratos de personajes cercanos y queridos por el fotógrafo, como fueron los pintores Pablo Picasso, Salvador Dalí y escritores como Henry Miller y Anais Nin.

En la muestra, se pueden observar las series realizadas por el fotógrafo: AnimalesMagia,AmorEl lenguaje de los murosNacimiento de rostros y Máscaras y rostrosLa muerte,Imágenes primitivasPompeya y La guerra. Radicado en París desde 1924-,  Brassaï – seudónimo del fotógrafo, dibujante y escritor húngaro  Gyula Halász  (1899-1984),     comienza  a interesarse por los graffiti hacia 1930. Es el primer artista en considerar esta forma de expresión como un arte aunque ya existían estudios en arqueología sobre graffiti ejemplares como los de Pompeya.

Brassaï, muy vinculado con los surrealistas, está convencido de que esas manifestaciones “de tan poca importancia” son en realidad una emanación del mundo onírico, una verdadera esencia de la realidad. Sus imágenes no poseen un carácter documental. Son, al contrario, indicios, señales que nos apuntan a algo que está más allá de la realidad. Acaso lo que soñaban  o pensaban los “artistas callejeros”,  no sea otra cosa que ese mundo que Brassaï reveló con su cámara y que se despliega en esta exposición.

 

El París de Brassaï es el París de Nadja, el famoso relato de Breton, el de la Tour Saint-Jacques, los muelles del Sena, los cafés donde se encuentran los enamorados, los cabarets que frecuentaban los surrealistas. Son también sus extraños escaparates, una ventana a lo surreal: maniquíes que semejan seres humanos, prótesis de piernas con medias, corsés, sombreros, objetos comunes que, descontextualizados, se invisten de una inquietante extrañeza.

 

Durante toda su vida, busca esas marcas misteriosas en las paredes, los troncos, los suelos y céspedes. “Las fotografías de  graffiti  -dice  Brassaï- que he hecho a lo largo de muchos años,  han sido tomadas al azar de algunos paseos por París. Del papel a la pared, de lo que se vigila a lo que es anónimo, el carácter de la expresión cambia. El bullir de la fantasía cede el paso al hechizo. Se produce una nueva investidura de la palabra      “encantador” en su sentido original”. 

En París, el artista privilegia el distrito obrero donde pasea con frecuencia hasta encontrar los graffiti que le interesan, los que han sufrido la marca del tiempo, los que son testimonios de una historia.  Brassaï documenta los graffiti que encuentra, que va descubriendo siempre. Lleva con él un cuadernito, donde dibuja y anota las direcciones exactas de los lugares de los graffiti que elige antes de hacer su fotografía.

Puede volver al mismo sitio y esperar horas hasta encontrar un buen momento, la luz y la atmósfera apropiada para poder hacer su foto. Incluso, estudia la evolución del graffiti, su transformación y alteración en las paredes.  Sus personajes, paisajes, calles y graffitis se nos aparecen como una metáfora de esa ciudad onírica,- “la ciudad luz”, decían los surrealistas-,  llena de mensajes, signos herméticos, poéticos y visuales. Son  sueños sumergidos tras las cosas que, en cualquier instante, brotan ante nuestra mirada.

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